19 octubre
Concierto de Inauguración de la Temporada

Días 19 y 20 de octubre de 2011

CICLO SELECCIÓN: Día 19 de octubre - 2011

CICLO PREMIUM: Día 20 de octubre - 2011

 

Lugar: Gran Teatro de Córdoba – 20:30 h.



 

I

Sinfonía nº 1..... L. v. BEETHOVEN


II

Sinfonía nº 8..... A. DVORAK

 

 

ORQUESTA DE CÓRDOBA

Director: MANUEL HERNÁNDEZ SILVA

 

 

 

Sinfonía nº.8, Op. 88

ANTONIN DVORAK (1841-1904)

 

Bedrich Smetana fue el primer músico bohemio que acertó a reflejar la conciencia nacional de su país mediante un lenguaje musical apropiado. Como fundador de la escuela checa influyó en las nuevas generaciones de compositores y, singularmente, en quien estaba llamado a convertirse en la gran figura de la música de ese país: Antonin Dvorak. En efecto, éste es el principal compositor sentidamente checo, y un motor importante para el desarrollo de la música y la vida musical de su patria. Pero, además de eso, es innegable que Dvorak supo ampliar las fronteras de la música checa; y ello en dos direcciones: encontrando fuentes de inspiración popular también en sus vecinos eslovacos y moravos, y cultivando formas y géneros enraizados con la tradición germánica, como la sinfonía y la música de cámara. Al igual que su admirado Brahms, supo devolver a la sinfonía y al cuarteto de cuerdas el esplendor de antaño, de suerte que en ambas manifestaciones Dvorak se nos aparece como una referencia fundamental. Ciertamente, logró conjugar una fuerte impronta nacionalista con el rigor del formalismo clásico. Lo que no es un hecho menor, si tenemos en cuenta por donde transitaban las escuelas nacionalistas de la segunda mitad del siglo XIX.

 

Como sinfonista, cabe destacar que dicha faceta de su arte creador nos permite seguir de cerca la evolución del mismo en su conjunto: las nueve sinfonías que escribió se reparten a lo largo de toda su peripecia vital, de manera que pueden apreciarse con claridad los diversos períodos creadores del músico, desde el estilo de su temprana juventud (las dos primeras datan de 1865) hasta la monumentalidad de la famosísima Sinfonía del Nuevo Mundo (1893).  O a la también excelente Sinfonía nº.8, que Dvorak escribió en el pueblecito de Vyoska, entre los meses de septiembre y noviembre de 1889. El autor la definió como "una obra diferente a las otras sinfonías, con ideas individuales elaboradas de un modo nuevo". Espíritu innovador cierto, que se antoja particularmente apreciable en el primer movimiento de la sinfonía; de transparente escritura, cercana a la música de cámara en muchos pasajes, e impronta que anuncia los poemas sinfónicos de 1896. Editada por Novello en Londres, fue estrenada en Praga, en febrero de 1890, bajo la batuta del compositor. Y desde entonces tiene un lugar reservado en el repertorio de todas las orquestas del mundo.

 

J.M.M.C.

 

(Notas de Archivo)

 

 

 


 

 

Sinfonía nº 1, Op. 21, en Do mayor

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

 

Cuando Beethoven inició la composición de la que sería su primera sinfonía aún no había cumplido los treinta años de edad. Lo más destacado de su producción creativa hasta entonces había tenido como destinatarios el piano y diferentes formaciones camerísticas. Para aquél había escrito ya diez sonatas (lo que supone casi un tercio del total que le destinaría a lo largo de toda su vida) y los conciertos para piano y orquesta en do mayor y en si bemol mayor. A lo que habría que añadir las primeras sonatas con violín y las dos del corpus chelístico agrupadas en el opus 5, también la de trompa, así como los tres tríos con piano que abren el catálogo del compositor y el quinteto con instrumentos de viento. Todo lo cual no habría de extrañar, por cuanto Beethoven inició su carrera profesional como pianista, actividad para la que mostró grandes dotes. Además vemos que, junto al interés por su instrumento, en la doble faceta de intérprete y compositor, también se ocupó del cuarteto de cuerdas, uno de los emblemas del estilo clásico, con una aportación sobresaliente: la serie de seis cuartetos agrupados en el opus 18 y dedicados al príncipe Lobkowitz en el momento de su publicación. Por último, no podríamos dejarnos atrás el célebre septeto para instrumentos de viento y cuerda, más conocido como Septimino.

 

Por lo que, a la vista de tan notable producción, uno no puede dejar de preguntarse dónde estaba la orquesta. En este punto debe mencionarse la existencia de algunos esbozos de una denominada Sinfonía de Jena, esbozos que no eran más que unos cuantos apuntes fechados en los años 1794-95 (los cuales fueron descubiertos en 1911, por Fritz Stein, en el archivo municipal de la mencionada ciudad alemana que da nombre a los mismos). Y de los que  existen serias dudas acerca de que Beethoven fuera su verdadero autor; atribución puesta en solfa, hasta el punto de que incluso se ha sugerido que la autoría de esos apuntes correspondiera en realidad a un maestro de capilla de la Corte de Wurzburgo, llamado Friedrich Witt (1770-1836).

 

Sea como fuere, y dado que Beethoven inició la Sinfonía Op.21 en 1799 (terminándola en el transcurso de 1800), resulta llamativo que el músico de Bonn esperase varios años, tras la mencionada intentona frustrada (si es que fue suya realmente), hasta abordar definitivamente ese pilar básico de la composición clásica que es la sinfonía. Los biógrafos hablan de que en su ánimo y conocimiento pesaban en demasía las geniales creaciones sinfónicas de Haydn y Mozart, cuya indudable perfección representaba un enorme desafío para el joven compositor: de ahí pues la tardanza en componer su primera sinfonía que, aunque durante el siglo XIX, la crítica trató de reducir a una mera consecuencia de lo aportado por los maestros vieneses, hoy se puede afirmar que se trata de una composición con la impronta plena de Beethoven, aunque sin mostrar todavía el carácter épico que se manifiesta a partir de la Heroica.

 

Hay ciertamente una asimilación de los elementos que caracterizan el lenguaje clásico vienés (siendo más apreciable la influencia de Haydn que la de Mozart), pero tamizados por una personalidad dominante y con una asombrosa ambición innovadora, de manera que, como apuntan Poggi y Vallora en su muy divulgada monografía sobre la obra del compositor, "en este primer ensayo toman ya forma los elementos que caracterizan a las sinfonías juveniles beethovenianas, a saber, el tranquilizador equilibrio tonal, la ausencia de experimentalismos demasiado lanzados, la búsqueda de la ampliación armónica en los desarrollos, la extensión de los movimientos, la acentuación algo rústica de algunos episodios y, finalmente, la afición a ciertos efectos vistosos".

 

Cabe recordar, por último, que la Sinfonía Op.21, en Do mayor, se estrenó en el National Hoftheater de Viena, el 2 de abril de 1800, y está dedicada al barón Gottfried van Swieten, diplomático, director de la Biblioteca Imperial, amigo de Haydn y Mozart, y apasionado melómano a quien se atribuía el redescubrimiento de las obras de Bach y Haendel. Cuentan las crónicas que el teatro estuvo lleno aquella noche, en la que se tocaron también el Concierto nº.2 para piano y orquesta y el Septimino, así como sendas obras de Mozart y Haydn (por cierto, que el autor de La Creación se hallaba en la sala). Un comentario crítico sobre lo acaecido en la velada, reconoce que en la sinfonía “se podía apreciar mucho arte, muchas novedades y una gran riqueza de ideas”. Pese a lo cual, se considera que “resulta un manual de armonía más que una gran obra orquestal”. Y, lo que es más significativo, el crítico muestra claras reservas por el empleo “exagerado” de los instrumentos de viento. No olvidemos que corría el año de 1800 y que el desarrollo de la plantilla orquestal estaba en sus primeros estadios. Precisamente, sería el coloso de Bonn quien impulsara decisivamente, a lo largo de ese hito de la música occidental que son sus nueve sinfonías, la apertura de nuevos horizontes expresivos con ese maravilloso instrumento llamado orquesta.

 

J.M.M.C.

 

(Notas de Archivo)

 
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